Tapiceros en Sant Quirze de Besora
Tapicería a domicilio en Sant Quirze de Besora
Subimos al Bisaura a recoger el mueble. Trabajamos especialmente bien las butacas y los sillones de mediados del siglo pasado.
Sant Quirze de Besora son 2.164 habitantes a 587 metros, a orillas del Ter, en la subcomarca del Bisaura, ya en el límite de Osona con el Ripollès. Es un pueblo que se industrializó pronto: desde mediados del siglo XIX el textil se instaló aquí aprovechando el río como fuerza motriz, y esa etapa dejó un parque de vivienda y un mobiliario muy característicos.
Lo notamos en lo que nos llega. En las casas del Bisaura hay muchas butacas y sillones de los años cincuenta, sesenta y setenta: patas finas en ángulo, brazos de madera vista, respaldos bajos y formas que hoy se buscan y se pagan. Son muebles que se compraron cuando las fábricas iban a pleno rendimiento, y que están en su segunda o tercera generación dentro de la misma casa.
Damos servicio en el pueblo y en las casas del término, con recogida y entrega a domicilio y sin coste de desplazamiento. Subimos al Bisaura agrupando las recogidas de la zona, así que a veces hay que esperar unos días a que cuadre la ruta.
Tapiceros a domicilio en Sant Quirze de Besora
Recogemos en el núcleo y en las casas dispersas del término, que sube desde la orilla del Ter hasta el Puig Bufí, a 742 metros. En los pisos de las casas de época industrial, con escaleras comunes estrechas y de tramo recto, el mueble grande no siempre baja entero: lo desmontamos arriba y lo bajamos por piezas, incluido en el presupuesto.
En las casas de fuera del núcleo, lo que puede complicar es el último tramo de acceso. Si vas por camino, avísanos al pedir el presupuesto y subimos con la furgoneta que corresponda. Estamos acostumbrados a trabajar en esta franja alta del Ter y a cuadrar las recogidas de varios pueblos en el mismo viaje, que es lo que nos permite no cobrar desplazamiento por subir hasta aquí.
Con el mismo servicio llegamos a los municipios vecinos:
Tapizar butacas de los cincuenta a los setenta
Una butaca de mediados del siglo pasado no se tapiza como un sillón actual, y confundirlo es la forma más rápida de estropearla. Su valor está en la silueta: líneas tensas, poco volumen, espuma justa y un perfil que se sostiene por sí mismo. Cuando alguien la tapiza con criterio moderno —añadiendo relleno para que sea más mullida— la pieza se hincha, pierde el dibujo y deja de ser lo que era. Se vuelve más blanda y mucho peor.
Nuestro criterio con estas piezas es reponer, no aumentar: se sustituye el relleno por otro de la misma densidad y el mismo grosor que tenía, se recupera la tensión original de las cinchas o de la suspensión, y se respeta el patrón de las piezas de tela, incluidas las costuras vistas y los remates, que en estos muebles suelen ser parte del diseño y no un acabado casual.
La madera vista —brazos, patas, estructura— es el otro cincuenta por ciento. Suele ser haya o teca y suele estar solo reseca o con el barniz cuarteado, no dañada. Se limpia, se lija con cuidado y se acaba de nuevo, y el cambio que da la pieza es enorme. En muchos de estos muebles, la madera recuperada luce más que la tela nueva.
Por si te lo estás preguntando: sí, casi siempre merece la pena. Una butaca de esta época con armazón sano vale mucho más restaurada que cualquier butaca nueva del mismo presupuesto, y además es irrepetible.
Qué tela elegir para tapizar un mueble de época
Con estas piezas hay dos caminos, y los dos funcionan si se hacen a conciencia. El primero es ir a favor del mueble: tejidos de lana o mezclas con textura visible, colores sólidos y algo apagados —mostaza, verde oliva, teja, gris topo— y tramas que recuerden a las originales. El resultado es una pieza coherente que parece haber estado siempre así.
El segundo es el contraste deliberado: un tejido actual, liso y de color rotundo sobre una estructura de época. Es una decisión más arriesgada y, cuando encaja, funciona muy bien, sobre todo si la butaca va a convivir con muebles modernos.
Lo que desaconsejamos en estas piezas son los estampados grandes: la superficie tapizada es pequeña y de formas curvas, el dibujo se corta mal y el mueble acaba pareciendo vestido con retales. Si te gusta el estampado, va mejor en un cojín, donde se ve entero.
Y también lo corriente: sofás, sillones, sillas y cabeceros
Aunque las piezas de época sean nuestra especialidad aquí, la mayor parte del trabajo del día a día es el de siempre: sofás de salón, sillas de comedor, cabeceros y cojines. Tapizamos cualquier mueble, sea del año que sea, con el mismo criterio de abrirlo, ver qué hay dentro y decir la verdad sobre lo que merece la pena hacer.
En los pisos de las casas de época industrial del pueblo, con habitaciones de techo alto y ventanas grandes, hay dos encargos que salen mucho: los cabeceros a medida, porque un cabecero comercial se queda corto en una pared así, y las banquetas y cojines de ventana para los alféizares profundos, que se aprovechan como asiento y que hay que fabricar con la medida exacta del hueco.
Si dudas de si una pieza encaja en lo que hacemos, pregunta sin más: es raro el mueble tapizado que no hayamos trabajado alguna vez.
Qué cuesta restaurar una butaca y cuánto tarda
Mándanos fotos por WhatsApp: la butaca entera de frente y de lado —el perfil es lo que nos dice de qué época y qué tipo de pieza es—, la madera vista y la zona más gastada. Con eso te decimos si merece la pena y te damos una orientación de precio.
Te damos fecha de recogida cuando cuadre la ruta del Bisaura, abrimos la pieza en el taller y confirmamos el presupuesto cerrado. Con muebles de época el plazo suele pasar de los 7 días habituales, porque el trabajo de madera va aparte y necesita sus tiempos de secado. Te lo concretamos antes de empezar, y si la pieza tiene algún detalle que quieras conservar sin tocar, dínoslo entonces: una vez desmontada, rehacerlo cuesta bastante más que respetarlo desde el principio.
Qué tapizamos
Trabajamos cualquier mueble tapizado, en casa y en local público.
Preguntas frecuentes
Tengo una butaca de los años sesenta. ¿Merece la pena restaurarla?
Casi siempre. Si el armazón está sano, restaurada vale mucho más que cualquier butaca nueva del mismo presupuesto, y además es una pieza que no se repite. Mándanos una foto de frente y otra de perfil.
¿Le podéis poner más relleno para que sea más cómoda?
Se puede, pero te recomendaremos que no. El valor de estas piezas está en la silueta: al añadir volumen se hinchan, pierden el dibujo y dejan de ser lo que eran. Reponemos el relleno con la misma densidad y grosor que tenía.
Los brazos de madera están resecos y el barniz cuarteado. ¿Lo hacéis vosotros?
Sí, la madera vista es la mitad del trabajo en estos muebles. Se limpia, se lija con cuidado y se acaba de nuevo. En muchas piezas la madera recuperada luce más que la tela nueva.
¿Qué tela le va bien a un sillón de esa época?
O un tejido de lana o mezcla con textura visible en colores sólidos algo apagados, que va a favor del mueble, o un liso actual de color rotundo, que es un contraste deliberado y funciona bien junto a muebles modernos. Lo que no recomendamos son los estampados grandes.
¿Por qué no van bien los estampados?
Porque la superficie tapizada de estas piezas es pequeña y curva: el dibujo se corta mal y el mueble acaba pareciendo vestido con retales. Si te gusta el estampado, queda mucho mejor en un cojín, donde se ve entero.
¿Subís hasta aquí por una sola butaca?
Sí. Agrupamos las recogidas del Bisaura y de la zona alta del Ter en el mismo viaje, así que puede tardar unos días en cuadrar, pero subimos y no cobramos desplazamiento.
¿Cuánto tarda una restauración completa?
Más que un tapizado normal. A los 7 días laborables habituales hay que sumar el trabajo de madera, que necesita sus tiempos de secado. Te damos el plazo concreto al confirmar el presupuesto.
¿Hablamos de tu proyecto?
Mándanos un par de fotos del mueble por WhatsApp y te damos una primera orientación de precio el mismo día. La recogida en Sant Quirze de Besora la organizamos nosotros.